[Nota: Leer los dos primeros párrafos con "achento inglesh"]
En un acto de curiosidad y valentía el otro día me dió por probar por segunda vez en mi vida el té. Llegó a mis manos un té negro de Chelsea traído directamente de England por un conocido. La cosa no podía ser más estereotípica.
Tras esperar unos instantes a que las finas hierbas negras se disolvieran en el agua caliente, después de filtrar la ingente cantidad de posos y seguido de añadir una cucharada de azúcar acerqué la mezcla aromática humeante a mi boca y llegué a una conclusión:
